El arte de hablar huevadas
No se pierdan el artículo de Pablo Quintanilla que apareció hoy en El Comercio, en el que comenta un breve libro de Harry Frankfurt titulado On Bullshit, que en castellano peruano se podría traducir como En torno a las huevadas.
El mundo académico aquí y allá está lleno de huevadas, lo que es distinto de las mentiras. Como lo explica Quintanilla, el mentiroso conoce la verdad y quiere ocultarla. El charlatán, el que habla huevadas, no tiene ningún compromiso con la verdad. Cito este pasaje del artículo de Quintanilla en el que resume el aspecto central de la tesis de Frankfurt:
Según Frankfurt, hablar bullshit no es lo mismo que mentir. El mentiroso cree en la verdad, lo que ocurre es que se esmera en ocultarla. El charlatán, por el contrario, no tiene ningún tipo de consideración ni curiosidad por la verdad. Así, y esa es la tesis principal del libro, lo esencial del bullshiter es su total desinterés por la verdad, su "indiferencia ante el modo de ser de las cosas". Al charlatán no le interesa mentir porque no cree que eso sea posible. Tampoco cree que se pueda decir la verdad; solo utiliza información y argumentos extraídos de diversas fuentes con la finalidad de lograr sus objetivos, que pueden ser divertir, impresionar, apabullar o manipular, según la circunstancia y el interlocutor. Por eso el charlatán está más lejos de la verdad que el mentiroso.
Qué duda cabe que en el mundo académico -- aquí y allá -- abunda la cháchara destinada a crear discursos sin el menor sustento empírico ni el más mínimo rigor y cuyo único propósito es impresionar. Puesta a un lado la noción de verdad, todo es igual, nada es mejor, como dice el tango.
En el periodismo peruano, la abundancia de charlatanería es obvia. La indiferencia a la verdad y el solazarse con clichés y juegos retóricos y efectos de cámara es la forma más extendida de “comunicar”, siendo el caso que detrás de tan aparatosa exhibición técnica hay un enorme vacío de ideas. Es que se trata de crear imágenes e impresiones que se impongan en la imaginación, no que propicien la reflexión. Las ideas y la transmisión de experiencias son lo de menos.
¿Qué se puede hacer? Simplemente, seguir ejerciendo la crítica, cada vez con más dureza. La tarea crítica tiene que ser autoexigente, en constante actitud de disenso, denunciado a los charlatanes y señalando su ausencia de compromiso con la realidad y con el prójimo. Las charlatanerías son hoy las enemigas del humanismo. Y sin humanismo no hay futuro ético ni político.