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Wednesday, September 24, 2008

La revolución permanente, por Jorge Daubar

LA REVOLUCION PERMANENTE

Trotsky dedicó centenares de artículos, discursos y páginas de sus libros a teorizar acerca de “la revolución permanente” que debían llevar a cabo los obreros y los campesinos en la aventura de establecer y dirigir el nuevo estado soviético. Para dirimir el debate, los bolcheviques hicieron correr mucha sangre bajo los puentes del Moskova y hoy día, pasados casi cien años de los primeros asesinatos, la facción leninista sigue uncida a la misma discusión con sus parientes trotskystas, como si fuera mejor reflotar a sangre y fuego el comunismo, que adoptar la línea de perfeccionamiento del Estado mediante un proceso democrático continuo. Yo diría que esa es la verdadera praxis revolucionaria y no la compulsión social propuesta por Marx, cuyo costo se contabiliza no sólo en destrucción de propiedades, sino en vidas humanas, que es mucho peor.

La influencia del pensamiento liberal masónico en la rebelión de los colonos norteamericanos contra Gran Bretaña le dio carácter, coherencia y objetivo a lo que hubiera sido un simple movimiento economicista. No le hacía falta algo más. Con el respaldo de la carta de derechos inicial y las sucesivas enmiendas que los definieron y ampliaron, echó a andar esta enorme entidad nacional caracterizada por su inherente capacidad de renovación de las instituciones que componen el tejido social. En Estados Unidos los cambios ocurren por su propio peso, dictados por las circunstancias y no por casualidad o voluntarismo, aunque a veces parezca que se demoran demasiado.

Una sociedad bien organizada. Desde su origen, Estados Unidos inició una evolución sustantiva que ha transitado por periodos diversos, pacíficos unas veces y otras violentos, en la que los acuerdos políticos se han definido por la identificación de intereses compartidos. Para un norteamericano típico, la convivencia en el bienestar constituye el principio básico de la sociedad y el equilibrio entre sus segmentos. Para eso se dan leyes que todos deben cumplir con igual obligación. En este país, la felicidad es un modo de vida y no una abstracción filosófica.

Pero una sociedad con semejante paradigma no puede improvisar sus decisiones políticas ni subordinarse a dirigentes mesiánicos. Tampoco, permitir que el acto de gobernar sea una gestión singular porque, para cumplir con los requerimientos del sistema, el gobierno debe ser corporativo. Aquí, los presidentes mandan pero no tanto que sus decisiones se validen sin la intervención del factor consenso.

La primera señal de que una sociedad ha alcanzado un nivel de desarrollo excepcional es el modo en que se previene contra las incertidumbres del porvenir. De ahí que la superestructura del poder se cubre mediante la selección, entrenamiento y calificación de los individuos que, alguna vez, llegarán a ocupar los cargos ejecutivos del gobierno. Nadie sabe quiénes son los buscadores de talentos ni para qué grupo de poder trabajan, pero están en las escuelas intermedias observando a los alumnos, describiendo sus aptitudes y temperamentos, clasificándolos en términos étnicos e ideológicos, conociendo a sus familiares y amigos. Es una tarea minuciosa que descarta prospectos a medida que avanza la evaluación de los datos recogidos. Y no son los únicos que llevan a cabo actividades de esa índole. Otros hacen lo mismo por cuenta de los organismos de inteligencia y contrainteligencia, el Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada, las grandes empresas, los institutos religiosos, los deportes profesionales y hasta las disqueras se valen de ellos para descubrir a las nuevas estrellas del hard rock y la salsa tropical. Es un mercado que cotiza y vende talentos a quien pueda pagar por ellos.

De los dos grandes partidos políticos norteamericanos, el Demócrata es el que ha practicado con más convencimiento la conformación de su liderazgo oficioso mediante el reclutamiento, educación e impulso político de figuras carismáticas, hábiles en el debate y la oratoria, y dóciles ante el plan mayor acordado en conciliábulo por los representantes de los grandes consorcios económicos. Dos ejemplos de esto son el presidente Bill Clinton y el aspirante a la presidencia, Barak Husseín Obama. De la época en que el clan Kennedy amenazaba con una dinastía “camelot” para cien años sólo quedan recuerdos románticos y lecciones históricas.

A diferencia de sus rivales del Partido Republicano, que suelen pertenecer a una aristocracia política casi monárquica, estos dos hombres provienen de las barriadas, vivieron infancias complejas y a lo largo de sus carreras han demostrado un afán de progreso incomparable. Titulados con notas extraordinarias en las mejores universidades de Estados Unidos, gracias a becas otorgadas por fundaciones y fondos privados, el tránsito de ambos por las aulas se puede seguir en la secuencia de honores recibidos.

Pero, la selección de Obama va más allá que la de Clinton. Enfrentado a los desafíos del siglo 21, este país necesita ampliar el rango de su influencia en África donde predominan las antiguas metrópolis coloniales, dueñas de sus minerías, cultivos y petróleo. Y ¿qué mejor representante de relaciones públicas para Estados Unidos que un descendiente de africanos? Los noticiarios de televisión son pródigos en imágenes del júbilo que ha provocado la selección de Obama en Kenya, donde vive una de sus abuelas, y en otros países africanos. Como si se vieran reivindicados en él luego de tantos siglos de esclavitud y menosprecio al otro lado del mar.

Por añadidura, el nombre Barak es legítimamente judío y se remonta a los orígenes de ese pueblo. Husseín es un obvio aporte árabe y el apellido Obama tiene sus raíces ancestrales en la porción centrooriental de África. Pasó por Hawaii, pasó por Indonesia y fue a parar a un barrio multiétnico de Chicago donde aprendió todo de todos los que lo rodeaban. Habla español, conoce el Islam pero su religión es cristiana aunque no fundamentalista, tiene hermanos y abuela blancos de piel y ADN y a estas alturas no le han encontrado máculas matrimoniales que le enfanguen el componente moral que deben mostrar los presidentes norteamericanos. Obama es perfecto para el momento y en su fotografía el norteamericano promedio se puede ver retratado.

Los héroes de guerra están cansados

De ambas convenciones se deriva una experiencia de mercadeo: Obama proclamó el cambio y lo ejemplificó con su estampa de hombre medio negro que quiere traer de vuelta a casa a los soldados. McCain, habló también de cambio pero sus palabras fueron una glorificación de la guerra, incluidas las muy honrosas cicatrices que trazan su piel. Las corporaciones que respaldan a Obama se mueven en sintonía con las expectativas de la juventud. Las que apuestan por McCain, no. Y este país necesita mirar hacia adelante, eludiendo las trampas de la vanidad. Sólo así se puede continuar con la revolución permanente.

Wednesday, April 30, 2008

Marley vs. Dylan: Los tiempos cambian



La idea de que los tiempos cambian, de que el mundo se puede invertir y quienes mandan pueden caer, es una forma narrativa que adquiere la idea de redención. Se trata, pues, de un antiguo discurso profético que denuncia el mal en la Tierra y el alejamiento de los poderosos de la voluntad de Dios.Ciertamente, el mito moderno de la revolución se parece, pero no es exactamente igual.

Por un lado, es inevitable percibir las reverberaciones bíblicas en, por ejemplo, el Manifiesto comunista, emblema y máxima expresión del panfleto revolucionario en la sociedad industrial. La coincidencia principal con el texto sagrado es el valor que adquieren las masas por sobre los individuos y la noción de que la historia se mueve en base a un principio superior a los seres humanos y cuyo sentido verdadero será revelado en el momento del apocalipsis, que habrá de ser una especie de apoteosis, es decir, un hecho de dimensiones divinas, supra-humanas. No es, pues, difícil dar el paso del Manifiesto comunista a la Teología de la liberación, ya que esta última no es sino una relectura de la historia de los oprimidos como los elegidos por la Historia o, lo que es casi lo mismo, por Dios.

Pero por otro lado, la idea de revolución moderna posee una diferencia fundamental con el mito arcaico de la redención: el cambio no es ordenado por Dios sino que es consecuencia de un proceso social; además, el cambio no es restaurador sino instaurador. Se trata de la victoria de un mundo absolutamente nuevo y, por tanto, incomprensible desde las profecías tradicionales. El revolucionario, por ello, valora lo nuevo y se opone a lo tradicional, que considera viejo, desgastado e inútil.

Como suele suceder, los mitos y los modelos narrativos se entrecruzan según el cambio de sensibilidades. Los revolucionarios de ahora no desdeñan sino que buscan reivindicar las tradiciones indígenas en busca de una pureza pervertida por la civilización colonizadora. La acción acepta formas de reacción y esto, que en principio puede extrañar, se explica porque tanto el mito de la redención como el mito de la revolución tienen en común la idea de que el orden que conocemos puede ser transformado e invertido, al punto que se haga irreconocible para quienes defienden los valores establecidos.

Times They are A-Changing es una hermosa canción de Bob Dylan que expresa muy bien esta sensibilidad moderna junto con el principio de que el futuro debe ser compredido como la vindicación de quienes padecen pobrezas, opresiones o injusticias. Esta es una fuerza indetenible que no podrá ser revertida por quienes sigan pensando y actuando como viejos. El tiempo es representado como una fuerza superior a la voluntad y que por sí mismo vencerá. Es, entonces. una bella canción de redención y esperanza que cumple con la necesidad humana de soñar y desear una vida mejor. He escrito esta modesta traducción y, más abajo, pueden ver los vínculos a diferentes versiones del mismo tema. Juzguen cuál les parece la mejor y cuál la peor.

Finalmente, comparemos el texto de Dylan con el de Bob Marley, tomado de su canción War que a su vez es una reinterpretación de un discurso del rey Haile Selassie como explico aquí. Lo interesante es que Marley, quien sí asume de una tradición abiertamente redentora arcaica, pronuncia un texto más enfocado en la acción que en la vindicación supra-humana. La canción de Marley es, significativamente, más moderna en ese sentido que la del cantante norteamericano.


Los tiempos están cambiando

Vamos todos
Estén donde estén
Y admitan que las aguas
Alrededor van a rebalsarse
Y acepten que pronto
Los mojarán hasta los huesos.
Si vale la pena
Salvar su tiempo
Entonces empiecen a nadar
Para no hundirse como la piedra
Porque los tiempos están cambiando

Vamos, escritores y críticos
Que profetizan con sus plumas
Abran bien los ojos
Que otra oportunidad no vendrá
Y no hablen tan rápido
Porque aún la rueda da vueltas
Y no se sabe a quién
Habrá de elegir
Porque el perdedor ahora
Será después quien gane
Porque los tiempos están cambiando.

Vamos, senadores, diputados
Atiendan, por favor, el llamado
No se queden en las entradas
No bloqueen los pasillos
Porque saldrá herido
Quien se haya estancado
Hay una batalla allá afuera
Y está ardiendo
Pronto remecerá sus ventanas
Y sonará en su paredes
Porque los tiempos están cambiando.

Vamos, madres y padres
De todo el país
Y no critiquen
Lo que no pueden entender
Sus hijos e hijas
Están más allá de sus órdenes
Su viejo camino
Rápidamente envejece Por favor, salgan del nuevo
Si no pueden ayudar
Porque los tiempos están cambiando
Ha sido marcada la línea
Ha sido pronunciada la maldición
Quien hoy es lento
Luego será rápido
Y el presente ahora
Luego será pasado
El orden
Rápidamente desaparece
Y quien hoy está primero
Será luego el último
Porque los tiempos están cambiando.

Versiones

Bob Dylan:

http://www.youtube.com/watch?v=0yT_XQsoMgk

http://www.youtube.com/watch?v=-D9S48A81os


Tracy Chapman
Guerra (War de Bob Marley)

Hasta que la filosofía que sostiene que una raza es superior
Y otra inferior
Sea final
Y permanentemente
Desacreditada
Y abandonada
Por todas partes hay guerra
Yo digo ‘guerra’

Hasta que no haya más
Ciudadanos de primera y de segunda clase de cualquier nación
Hasta que el color de la piel de un hombre
No sea de mayor significado que el color de sus ojos
Yo digo ‘guerra’
Que hasta que los derechos humanos básicos
Sean igualmente garantizados
Sin importar la raza
Esto es guerra
Que hasta el día en que
El sueño de una paz duradera.la ciudadanía mundial
La ley de la moralidad internacional
Se mantengan como ilusiones efímeras que han de ser perseguidas
Pero nunca conquistadas
En todas partes hay guerra.

Y hasta que los innobles e infelices regímenes
Que mantienen a nuestros hermanos en Angola
En Mozambique
En Sudáfrica
En un sometimiento infrahumano
Hayan sido superados
Finalmente destruidos
Entonces, en todas partes hay guerra
Yo digo ‘guerra’

Guerra en oriente
Guerra en occidente
Arriba hacia el norte
Abajo hacia el sur
Guerra
Rumores de guerra
Y hasta tal día
El continente africano
No conocerá la paz
Nosotros, africanos, pelearemos
Lo encontramos necesario
Y sabemos que ganaremos
Porque confiamos
En el triunfo del bien
Sobre el mal.

Escuchen la canción aquí y aquí.





Imágenes tomadas de aquí y aquí.